Cada vez entiendo menos a las personas que van de jueces por
la vida. Seguro que si te paras a pensar encuentras algún ejemplo de este tipo
de personas a tu alrededor. Pueden estar camuflados como compañero/a de
trabajo, amistades, familia, etc…, apuesto a que ahora ya has localizado a
alguno/a así.

Pues sí, este tipo de personas están todo el día juzgándote y dándote
lecciones, como vivir tu vida, como debes de encajar tu malestar laboral, que
te va a pasar si emprendes un negocio, es una pasada, saben de todo y además su
forma de expresar sus juicios de valor no es para nada un feedback descriptivo,
es decir, no empatizan con tu situación para ponerse en tu piel y dar una
opinión sana, no, ellos son “sabios”, maestros en esto que llamamos vida y
saben mejor que nadie lo que debes o no, por este motivo se atreven a hacer un
feedback valorativo y dañino de la situación. Por otro lado, la forma y puesta
en escena cuando opinan o juzgan tu vida suele ser inquisidora, mostrando su
arrogancia y prepotencia sin importar el daño emocional que puedan causarte.
Están en una búsqueda contante de perfección que les impide crecer porque al no
llegar a ese listón perfecto que se han impuesto se frustran, les provoca
resentimiento, envidia y una ausencia total de disfrutar de su vida. Este es
una de los principales motores de ese comportamiento mezquino, la ausencia de
vida interior, al no tener ilusión por sus sueños intentan impedir que las
demás personas los tengan volcando toda su frustración y malestar en cada
juicio de valor que sale de su boca.

Ciertamente, este tipo de personas que, a priori, podemos
pensar que no nos aportan nada positivo, la realidad es que tienen un miedo
tremendo a ser considerados mediocres, imperfectos, así como ser rechazados.
Por ese motivo se esfuerzan tanto en hacerlo todo perfecto ya que su deseo
inconfesable es ser considerado bueno, un ejemplo de persona a seguir, un
modelo de comportamiento, una persona íntegra, etc…

Su mayor objetivo sería conseguir romper con esa mala
sensación que dejan cuando se ha pasado un rato a su lado. Para conseguirlo,
deben de cambiar su forma de pensar y dejar de ser un juez inquisidor para
convertirse en una persona tolerante a la diversidad de opiniones. Dejar de
enojarse porque las personas que le rodean no viven la vida como ellos y
aprender a aceptar a las personas desde la humildad, la aceptación y el
respeto. Aceptar que la realidad no
existe
y que cada persona tiene la suya y todas tienen el mismo valor.
Desarrollar la empatía como actitud
esencial a la hora de relacionarse y disfrutar mucho del bien ajeno. No tener
miedo a ser imperfecto por el posible rechazo porque las personas que realmente
sepan valorar sus buenos sentimientos no van a exigirle que sea un modelo o
ejemplo. Ir aligerando el pensamiento de creer que todo cae sobre sus hombros, aprende a delegar y a confiar en las personas que te rodean
que seguro que te van a sorprender en positivo.

De esta manera estas personas pasarán de ser jueces
inquisidores a personas inspiradoras.

Gracias por haber llegado leyéndome hasta el final.

Recuerda, sonríe smiley